En pasados escritos afirmé que no era amigo de los hoteles de “grandes dimensiones” donde la impersonalidad forma parte del “modus operandi” de estos. Prefiero y vuelvo a comentarlo los hoteles pequeños, familiares.El Hotel La Fontana en Bogotá es una excepción. Lo primero que cabe destacar es su arquitectura, hermosa, logra el equilibrio perfecto entre lo urbano y lo natural, entre el ladrillo y el jardín, sus espacios independientes dan la sensación de recogimiento y su estilo asemejan calles de pequeñas ciudades europeas. Cada espacio es independiente y por lo tanto se tiene la sensación de privacidad y pequeños ambientes.
La atención es excelente, no tuve necesidad de buscar ayuda porque en todo momento había alguien dispuesto a hacerlo. Los almuerzos preparados en “buffet” deliciosos.
DOS SOLES PARA EL HOTEL LA FONTANA!



